21 marzo 2006

"El capitán escarlata" de la mano de Glénat

Ojo a las novedades de Glénat para este mes, que hay que sumar una nueva joya:

El capitán escarlata
David B y Emmanuel Guibert
Colección Delicatessen. 72 pág. Color
15 €

El Capitán Escarlata, es el tempestario de la Edad Media que, según la creencia popular, poseía el don de liberar a los vientos y de desencadenar la marejada. Además es el rey prisionero de su propia imagen en uno de los cuentos más hermosos de Marcel Schwob, El rey de la máscara de oro. Y también es Le Prophète voilé y el personaje principal de Les Incidents de la nuit, dos cómics de David B., para quien las caras ocultas simbolizan el misterio hasta la obsesión. Es la última colaboración entre dos autores excepcionales.
Cuando David B. entregó el guión de El Capitán Escarlata a Emmanuel Guibert, guionista y dibujante de El Fotógrafo (Glénat), éste presentó a David B. una página de un realismo espeluznante, a la Di Marco, el legendario ilustrador de los sucesos publicados en primera página de los semanales Détective y Qui Police. Aunque David suele tener un aire grave, me imagino que debió de sonreír al verlo y borró la imagen. Para que la fábula se mantuviera en el plano de lo fantástico, había que preservar el misterio, no se podía enseñar demasiado o, aún mejor, había que cambiar el punto de vista. Y eso es lo que hizo Emmanuel. No era tan importante el espectáculo de la muerte y del sufrimiento, como el efecto que producía en los que lo descubren, policías altivos, burgueses que ven trastornada su tranquilidad social, mujeres que presencian la colección discordante de cabezas seccionadas de sus maridos desaparecidos. ¿Y qué pasa en la cabeza del lector? Sencillo, él se queda boquiabierto, como esa amable pareja a la que Marcel, el héroe narrador, lee con deleite un horrible episodio histórico antes de, a su vez, caer en las garras de la aventura y de los aventureros. David B. y Emmanuel Guibert nos hacen soñar despiertos. Una vez acabado el libro, el paseante, emocionado, alzará la mirada al cielo de París para intentar vislumbrar, a través de la distorsión de una lágrima, en el azul convertido en océano, una improbable fragata que vuela hacia la torre Eiffel.